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Para averiguar en qué consiste ser fotoperiodista hoy en día, hablamos con tres fotógrafos españoles que nos dieron las siguientes claves:

Jon Barandica (Terra.es): “Un profesional multitarea. No solo saber contar con imágenes. Dominar diferentes lenguajes: foto, vídeo y texto. Dominio de las redes sociales. Rapidez; tienes que hacer algo diferente y ser el primero en contarlo. Crearte tu propia personalidad periodística (marca). Saber vender tus trabajos. Dominio del inglés. Tu zona de trabajo es el mundo entero. Busca historias que interesen, que emocionen, que incomoden; no sigas informaciones de carril. Lee mucho. Interésate por las personas y su mundo; encontrarás historias apasionantes. No es necesario el último modelo de cámara ni enseñarlo de forma aparatosa. Cuanto más desapercibido pases y menos agredas con tu cámara, mejor. Un móvil e Instagram pueden ser grandes herramientas. La edición de tus trabajos te ayudará a triunfar. No todas las imágenes que haces valen, tienes que optar, editar. Mira a tu alrededor. A veces no vemos lo que pasa en nuestro entorno más inmediato. Creemos que las grandes historias están en países remotos y desconocidos. Un fotoperiodista nos debe hacer ver donde los demás somos ciegos.”

Txema Rodríguez (Diario Las Provincias): “Me sugiere un montón de problemas y de incomprensiones. Los medios están gobernados por tipos que escriben, que no saben leer imágenes, las desprecian, las maltratan y las utilizan como decoración. No comprenden las narraciones visuales, no las entienden, no las respetan y emplean la foto para quedar bien con unos y castigar a otros”

Pedro Armestre (AFP): “Se puede, pero no como se concibe. No reproduciendo las fórmulas actuales, las fórmulas clásicas de hacer fotoperiodismo con una sola cámara de fotos para una revista. Eso ya no funciona. La polivalencia generando contenidos muy diversos. Para poder subsistir como fotoperiodista la situación me obliga a reinventarme. Una misma historia puede contarse con fotos, texto, audio y video. A todo eso hay que imprimirle cariño para transmitir. No me convierto en un hombre orquesta. Hago lo que considero mas importante en cada momento. Hay cuestiones que funcionan mejor con un corte de video. Otros con una foto. El tema a elegir es lo de menos. Lo importante es hacerlo atractivo sin mentir a nadie.”

Esta última opinión nos pareció la más interesante y decidimos reproducirla mediante la realización de un reportaje multimedia (texto, vídeo y fotografía) sobre el comercio tradicional en Oporto.

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COMERCIO TRADICIONAL EN OPORTO

‘Persistentes’, cuando el comercio tradicional, centenario, peculiar y, sobre todo, familiar, no hace caso a la crisis, sino al cliente.

Oporto es una ciudad distinta. Venir a conocerla es como viajar de nuevo al pasado. Parece que está estancada en el tiempo, en un tiempo mejor, alejado del consumismo sin control y de la producción en masa actual. Los años no pasan por ella y no ha seguido aquella premisa de “renovarse o morir”. No se ha modernizado como las demás, al contrario, ha decidido envejecer con dignidad. Pero ahí residen su belleza y su encanto. La ciudad donde desemboca el Duero no puede compararse a ninguna otra, porque en ella lo antiguo se revaloriza. En un primer vistazo, cuesta quererla, cuesta saber apreciar sus calles poco cuidadas y esos edificios que parece que están a punto de sucumbir, pero acaba por ganarse merecidamente los corazones de sus visitantes. Lo admirable es cómo Oporto es capaz de mezclar la arquitectura y el diseño más vanguardista con lo tradicional, lo de toda la vida, eso que en otros países parece que poco a poco está desapareciendo, dejando espacio a las grandes cadenas multinacionales. En el resto de Europa se renuncia a esto en favor de un progreso que acaba homogeneizando todas las ciudades.

Merece especial atención el corazón de Oporto, el casco antiguo, clasificado como Patrimonio de la Humanidad, y sus históricos establecimientos, que bien merecen también ese título por haber acompañado a esta hermosa ciudad durante decenas de años, algunos incluso llegando a la centena y otros sobrepasándola.

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Ese es su gran factor diferenciador, sus comercios. A pesar de que Oporto no es un lugar típico para ir de compras, la ciudad ofrece posibilidades diferentes, que no pueden encontrarse en otras urbes europeas. Abundan los grandes centros comerciales, que se consolidan con fuerza a las afueras de la ciudad. Pero lo que realmente destaca de su vida mercantil son las tiendas de artesanía tradicional, los mercados de alimentación tradicionales, como el de Bolhao, y los mercadillos de segunda mano que salen a la calle durante los sábados en los que luce el sol.

Centenarios establecimientos como… son algunos de los ejemplos de las muchas tiendas emblemáticas que se reparten por el casco antiguo de esta acogedora ciudad y que son bastiones ante las grandes superficies. La mayoría están regentadas por familias portuenses que han subsistido desde casi principios del siglo XX y aún lo hacen ante la presente crisis. Comercios que parecen haber caído en una absoluta obsolescencia pero ponen la mirada hacia el futuro. Algunos afirman llevarlo bien porque ninguna gran cadena les hace sombra, sus productos son exclusivos y siguen siendo útiles y necesarios en la vida moderna. Otros, sin embargo, hablan con tristeza y nostalgia de tiempos mejores. No obstante, todos sus dueños se defienden ante la competencia del gran comercio con buenos argumentos:

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La cantidad de la producción en masa no es, ni mucho menos, sinónimo de calidad. En estos pequeños comercios cada producto está hecho con cariño y paciencia, por eso su calidad es mucho mayor. Los barrios sin pequeños comercios mueren, aumenta el paro, y la deshumanización en la zona. El tendero te conoce, la cajera de la gran superficie puede que ni te mire a la cara. El pequeño comercio mima a sus clientes, los conoce y crea un vínculo con ellos, las grandes superficies saquean sus bolsillos gracias a la manipulación mental ejercida mediante la publicidad. De igual modo, las condiciones labores en el pequeño comercio son mejores que la de las grandes superficies. La persona hace su trabajo con más libertad. Si aumenta el número de grandes superficies se arrastra a la población a las condiciones labores precarias de los grandes almacenes.  El regente del pequeño comercio conoce bien a sus trabajadores y tiene un trato humano con ellos, el jefe de una gran superficie no suele tratar con sus empleados, pues para el son simples números de los que se puede prescindir.

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La mayoría saben que probablemente sus negocios no hubiesen podido sobrevivir en cualquier otra ciudad del mundo, pues ninguna aprecia tanto como Oporto la tradición. Por este motivo persisten y siguen luchando contra la tormenta, hasta que un día llegue la calma, para que este lugar continúe siempre siendo diferente.

Y es que, ¿qué sería de esta ciudad sin ellos?

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BEATRIZ BONAL PÉREZ
RUBÉN PÉREZ LÓPEZ
ANA RODRÍGUEZ ROSENDO

Ciências da Comunicação: Jornalismo, Assessoria, Multimédia
Faculdade de Letras da Universidade do Porto
Ano letivo 2013/2014

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